No es una crisis más
El banco Lehman Brothers, de los Lehman de toda la vida, sobrevivió a la Guerra Civil estadounidense, a la Primera Guerra Mundial, a la crisis del 29, a la Segunda Guerra Mundial, a la crisis del petróleo, al crash del 87 y a la debacle de las punto com. Hace poco más de un año, cuando afloró la crisis de las subprime, nadie habría apostado por que ese temblor acabaría tumbando una de las catedrales más sólidas de Wall Street. El agujero es inmenso, y lo peor de todo, aún no se ve el fondo. La gran duda: ¿Estamos ante una crisis más dentro de los habituales ciclos capitalistas o es la madre de todas las crisis globalizadas?
Hay un factor que no es el de siempre. No es la primera vez en los últimos años que las recetas ultraliberales acaban en corralito. Además del desastre argentino, están los precedentes del efecto Tequila en México o la crisis del sudeste asiático. Pero estos terremotos, hasta ahora, tenían su epicentro en países en vías de desarrollo, aunque su influencia fuese global. Se suponía que la causa era el deficiente control de las instituciones reguladoras locales, que no habían vigilado lo suficiente como para evitar que la voracidad especulativa, en su búsqueda de la máxima rentabilidad, no asumiese riesgos extremos; el viejo defecto capitalista que ya hundió al mundo en 1929.
La terrible novedad de esta crisis es que tiene su origen en Estados Unidos: la tierra del liberalismo pluscuamperfecto, el país donde supuestamente mejor funciona el mercado. A toro pasado, resulta obvio decir que no es buena idea que algunos árbitros –las agencias de calificación– sean empresas privadas y que la economía globalizada requiere reguladores globales. Cuando se cae un puente en el tercer mundo, se puede culpar al ingeniero. Cuando se cae un puente en la primera potencia del planeta, es imprescindible revisar la ingeniería.
Lo que acaban de leer es un artículo publicado este pasado lunes 15 de septiembre en el sitio español escolar.net. Lo he dejado íntegro en su contenido porque me parece que su autor ha tratado el tema del Lehman Brothers con una precisión milimétrica. Cuando él afirma que no es una crisis más, no ha hecho otra cosa que adelantarse a los vaticinios más oscuros que están realizando en estos momentos especialistas en la materia.
Como ejemplo de lo anterior tenemos el análisis publicado en el Wall Street Journal Online, quienes califican la crisis financiera que inició hace trece meses atrás como la peor desde 1930. Para ellos el sistema financiero estadounidense se encuentra en estos momentos en tal estado, que parece un paciente en cuidado intensivo. Esta apreciación la retratan a la perfección en la siguiente alegoría: “el cuerpo trata de rechazar una enfermedad que se extiende, y cuando esto sucede, el cuerpo convulsiona. Una vez se tranquiliza, convulsiona otra vez. Para que esto no suceda los doctores están recurriendo a tratamientos más invasivos y a remedios que nunca habían sido aplicados antes”.
Esos doctores son la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro, los cuales aplicaron un remedio inédito valorado en 85,000 millones de dólares para salvar de la quiebra al American International Group (AIG) el mayor consorcio de seguros del mundo ¿Sirvió de algo el remedio? Según lo publicado este día en La Prensa Gráfica, la respuesta es no. El remedio llegó muy tarde, “de hecho, no logró apaciguar la crisis financiera en Estados Unidos, que ayer veía caer como un castillo de naipes a varias de las acciones de su principal índice: el Dow Jones de industriales, que bajó 4 %”.
La especulación, el temor y la incertidumbre empiezan a calar fuerte no solo en el mundo financiero, sino también en el del estadounidense común. Don Case, un analista de datos de 42 años de edad, dice sentirse preocupado por la póliza de seguros que compró hace algunos años en AIG. Él está seguro que si una venerable institución como Lehman Brothers se fue a la quiebra, entonces cualquier compañía puede correr con la misma suerte.
En similar sintonía Lucy Claroni, de 59 años, afirma estar aún nerviosa ya que todas las opciones de inversión de su plan de jubilación son proporcionadas por AIG. “tengo casi 90 mil dólares allí”. Por este motivo, algunos de sus colegas hablan de sacar el dinero de sus planes, aunque con ello tengan que pagar una multa por el retiro.
La señora Clarioni dice que la crisis de AIG, y el desplome de Lehman Brothers le suenan como a la Gran Depresión, algo que genera temor. Esa misma incertidumbre fue la motivó a Don Case a comprar un boleto de lotería cuando se dirigía a su trabajo, “si me la gano" dice Case, "ya no tendré de que preocuparme”.