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Pasó el 15 de marzo, y El Salvador sigue en pie. No hubo fuga de capitales, despidos masivos, inestabilidad social; ni Apocalipsis bíblicos que destruyeran nuestra ya atribulada nación.
Las voces que presagiaban un escenario difícil si la izquierda ganaba, eran pocas, pero muy significativas. Eran los empresarios y los grandes medios de comunicación, quienes al unísono “pedían” por todas las vías posibles que se evitara “entregar” el país al presidente Chávez y al socialismo del siglo XXI.
Estos llamados fueron parte de una campaña que decidió apostarle nuevamente al temor, al miedo y a las dudas que aún genera el FMLN en un sector representativo del votante salvadoreño. Pero esta vez “fue diferente”, y el miedo no fue suficiente.
Mauricio se montó en un mensaje de cambio que logró calar en el 51.32 % de los electores. Con ese porcentaje, se consumaba una victoria largamente esperada y ansiada por la izquierda salvadoreña.
Ahora bien, el 48.68 % que no votó por FMLN, es una cantidad de salvadoreños muy significativa, que merece respeto, y que debe ser tratada como tal. Aunque hay que hacer notar que en ese porcentaje se esconden muchos salvadoreños que siguen viendo con recelo e incertidumbre a un partido que nunca ha dirigido los destinos de nuestro país.
Ese sector necesita tranquilidad y señales claras del ahora presidente electo, en el sentido que su gane no es, ni significará un salto al vacío.
Pues bien, esas señales no tardaron mucho. Llegaron prestas y oportunas el mismo día de la elección,por medio de un discurso que ha sido alabado por todos. Ese discurso, pronunciado al fragor de la victoria, fue tan bien pensado, que de forma casi inmediata eliminó (temporalmente) una polarización que nos viene agobiando desde hace mucho tiempo.
¿Y ahora qué?
Ya pasaron más de diez días desde que Mauricio fue electo presidente, y el ambiente sigue embriagado de una “extraña calma”. Nadie habla (abiertamente) de cacerías de brujas, de comunistas asolapados ni de areneros corruptos. Todo es amor y paz.
En este ambiente de “hermandad”, el partido ARENA se ha mostrado mesurado, sereno y reflexivo. Se le reconoció su talante democrático cuando aceptó la derrota, y se llevó las palmas cuando expresó que sería una oposición vigilante y propositiva.
Mejor…imposible. Me cuesta creerlo, pero debo aplaudir al FMLN y al partido ARENA, por la madurez con la que están afrontando sus nuevos roles.
La elección terminó, y con ella se fueron a la hoguera toda la inmundicia, las agresiones y la incertidumbre que generó esta campaña interminable. Lo único bueno (si cabe la palabra) que nos dejó la elección, es que nos inmunizó y nos sedó de una crisis económica que está estrangulando a todos por igual.
Ese efecto somnífero ya se esfumó, ahora lo que nos queda, es apretarnos los pantalones para hacerle frente a esta crisis que ya está dejando ver sus primeros signos de destrucción.
Si ARENA y el FMLN se siguen comportando a la altura de las circunstancias, El Salvador será el gran vencedor. Por eso cuando escucho hablar de gobiernos de unidad, de respetar la Constitución, y de hacer oposiciones constructivas; me alegro, porque veo en ambos partidos un deseo (genuino, espero) de querer hacer las cosas bien.
Nuestra nación vive momentos históricos, momentos que requieren de nuevos liderazgos, pero por sobre todo de nuevas formas de hacer política. Ese es el próximo desafío que deberán enfrentar nuestros políticos. Nosotros como ciudadanos ya hicimos nuestra parte, ahora les toca a ustedes…no nos defrauden.
Obama, el político, el rock star, la celebridad o simplemente el candidato que busca la presidencia de los Estados Unidos. Pocas veces un personaje ligado a la política ha generado tanta expectación tanto adentro como afuera de la nación norteamericana ¿Será su destino manifiesto gobernar ese país?
Los medios lo siguen, los artistas también. Dos palabras los motivan: compromiso y esperanza. Ahora ya no solo es Michael Moore quien aboga por el cambio....ahora son más.
La palabra cambio es su estandarte, tan sencilla pero tan profunda, tan común, pero tan distante. Desde que inicio su campaña para ganar la nominación demócrata, la palabra “CHANGE” es repetida una y otra vez sin cesar ¿Será esta la ocasión perfecta para que esa palabra provoque finalmente un cambio?